Fui la savia mesurada en el vaso esférico
que portan tus manos frágiles,
el ambiguo pensamiento de lo semietéreo
que se resbala por tus mejillas.
Soy el cáliz de la sangre que me consume y me forma,
la figura de un signo perdido que nadie conocio y
la letra perdida de un demiurgo loco;
Creo el mundo en un infinito caos a través de su verbo: el mío.
Seré la gota de veneno que quemas con tu respiro,
el viento que despoja de paz al inanimado cuerpo.
Seré el llanto de los héroes de guerra, de la historia del tiempo
y de los ángeles que cayeron al vacío; por siempre. ¿O tal vez no?
lunes, 25 de agosto de 2008
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