jueves, 25 de septiembre de 2008

¡Matemos el viento!

Triste, sólo me queda en la memoria una flor marchita y una hoja rota de un recuerdo que no fue mío. No sé si lo perdí o lo robé, pero se escapó como a la madurez se le escapa la sonrisa, como el viento que recoge la vida y se la lleva callando siempre su misterio, misterio lleno de sórdidos gritos, cálidos suspiros y estridentes gemidos. Ahí está la vida, en el misterio del viento.
Esta vez el viento fue mi verdugo, ví mis recuerdos en el patíbuo del sueño, los vi morir, los vi dormir.
Viento, no ahulles espejismos, no me cuentes la vida que me has quitado, el recuerdo que te has llevado.
Una flor marchita y una hoja rota, un recuerdo que robé o perdí, una vida de otro que el viento me vino a contar como quien le cuenta el sabor de la comida a alguien presto a morir de inanición.
Viento, no ahulles promesas que no habrás de cumplir.
¡Que muera el viento! Saquemos todos un cuchillo del gabinete y matemos el viento, matemos el recuerdo que se nos ofrece sin haber sido nuestro.
Matemos la agonía que nos causa el otro sin matarlo a él, matemos el viento, matemos el viento.

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