sábado, 13 de septiembre de 2008

Un monstruo al oído

Siento una ligera paz envuelta en un dulce estrépito. Siento cómo las preguntas se van esfumando poco a poco de la cabeza para esparcirse por todo el cuerpo sin el mayor escándalo, sin el menor indicio de seño fruncido. Es como esa especie de pregunta que te rompe las entrañas, que te abraza profundamente, sin jamás haber pasado por la razón. Es como una calma tempestuosa. Es como lo simple, sin haber pasado jamás por lo incomprendido, sin haber sido asediado, sin haberlo buscado jamás. Es como estar ahí, sin haber buscado nunca los medios para llegar. No hay medios, no hay nada y hay todo.Ya la carga del día de hoy: la gente, el ruido, la incomprensión y la falta de agallas que siento en el mundo, la recuerdo como si hubiese sido algo que alguien me contara, como si ello no existiera realmente en los dedos que en este momento escriben. Y es que estoy acompañada, acompañada interiormente por un monstruo sublime, por un ser que se va tan lejos para llegar tan cerca, que está tan fuera para ser sentido muy dentro.Es como si uno quisiera arrancarle a la vida ese secreto lugar donde todo es un caos bellamente ordenado, donde la pregunta y la respuesta no son necesarias puesto que nadie piensa, nadie habla, nadie obliga. Sólo se siente, se siente algo que no es alguien puesto que todo está revuelto con todo. Un bello caos, un caos bellamente ordenado.Monstruosamente sublime es quien me acompaña, quien me hace olvidar todo sin yo habérmelo propuesto. El monstruo esta a mi lado, hablándome al oído sin decir palabra alguna. No me muevo, sólo mis dedos tratan de imitar este hermoso compás. Sí, me dice un no se qué, que me llega dentro y es difícil expresar. Este monstruo tiene nombre y tiene voz, aunque no diga palabra alguna. Este monstruo, mi monstruo, se llama Beethoven y su voz se llama Moonlight Sonata.

1 comentario:

SS dijo...

Que increíble es realmente lo que una canción puede hacer con nuestro estado de ánimo, ser, vida, humor, libertad etc. Creo que tu búfalo de la noche es evidente que más que Beethoven es la múscia como tal. Muy bonito escrito, en la manera confesional, siento como si lo hubieras vaciado directo de tu mente. Me gusta ese tipo de apertura.